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Source: Vorágine, Santiago de. La leyenda dorada: trans. Fray José Manuel Macías, 2 vols; first edition, 1982; second edition, 2011

Madrid: Alianza Editorial, 2011

 

The Golden Legend is a collection of hagiographical legends compiled by Jacopa da Voragone in the thirteenth century. Initially it circulated quite widely in manuscript, but with the invention of printing it quickly became one of the most popular devotional texts, with many editions. The earliest printings in Catalan (with the title commonly found from then on, Flos sanctorum) appeared from 1494, and in Spanish from c.1497. The volume is frequently found in the post-mortem inventories of the inhabitants of Barcelona, and can be considered a devotional best-seller. In addition the hagiographies of individual saints, the collection includes descriptions of the main feasts of the liturgical year, and extracts of these more general feast-days are presented here for analysis, following the Alianza edition. It should be noted that the texts added from chapter 183 to chapter 243 were not written by Voragine, but were later additions. The extracts include citations from the Bible, from patristic writings and legends or anecdotes that are not always credited. References to emotions, sounds and music are frequent and wide-ranging; it is often the case that more than one emotion is mentioned in the extracts since one of the many discourses inherent in and/or generated by the celebration of these liturgical feasts is tha transformative properties of the Christian faith. Sadness or fear are thus transmuted into joy, joy is turned to sadness and/or anger, and so on.

Only those of Voragine's chapters that make reference to emotions, sounds and music are included. The extracts will be ordered according to the liturgical year, as in Voragine, with the additional entries, some of which make reference to Barcelona, interpolated in this scheme. 

This modern edition and translation into Spanish by fr. José Manuel Macías is based on the edition byDr Graesse in 1845; it contains the 182 original chapters by Voragine, plus 61 more chapters added by various copyists over time.

 

Advent (vol.1, 23-29):  Advent, with its emphasis on preparation for the birth of Christ, offers a mix of emotions; according to Voragine, the season is filled with joy at His coming, but also a degree of fear as to His (God's) role as judge and apprehension as to what might occur on the Day of Judgement.

[23] Aunque las maneras de adviento sean cuatro, la Iglesia se ocupa principalmente de dos. El oficio de este tiempo muestra que ella dedica especial atención a la venida en la carne y a la que ocurrirá cuando venga como juez. Eso explica que el ayuno prescrito para el Adviento sea en parte jubiloso y en parte aflictivo: jubiloso, en lo que tiene de preparación para conmemorar la venida de Cristo en la carne, y aflictivo en cuanto se refiere a su venida como juez.

En relación con este doble aspecto del Adviento la Iglesia adopta una doble actitud: atendiendo a las connotaciones de júbilo y misericordia que hay en la venida del Señor como Mesías, entona algunos cánticos de gozo; en cambio, omite determinadas manifestaciones de exultación, que no rimarían con las ideas de justicia, severidad, y aflicción presentes en su venida como juez.

[24] mention of the seven antiphons sung in the seven days immediately before Christmas

[25] Cinco serán los signos terroríficos que precederán a la venida del Juez. Lucas los menciona en el capítulo 21 de su Evangelio: «Habrá señales en el sol, en la luna, y en las estrellas; sobre la tierra, las gentes se consternarán con el rugido del mar y el bramido de las olas». Los tres primeros signos están descritos en el Apócalipsis. En el capítulo 6 leemos: «El sol se tornará negro como zurrón de pelo de cabra; la luna parecerá hecha de sangre y las estrellas se desplomarán sobre la tierra».

[...]

Acerca del signo quinto, el de los rugidos del mar y bramido de las olas, opinan algunos que desaparecerán los océanos en medio de un gran estrépito, fundándose en esta afirmación del capítulo 21 del Apocalipsis: «Ya no existará el mar».

 

Christmas (vol. 1: 52–58, Chapter VI): Voragine, surprisingly,  presents little beyond Biblical references as to the joy of the Christmas season nor to the sounds of celebration; possibly he is taking this as a given for the Christmas liturgy.

[56] A algunos de esos pastores que estaban en vela les apareció un ángel, les comunicó que el Salvador había nacido, y les dio pistas suficientes para que pudieran encontrarlo. A continuación, multitud de espíritus celestiales comenzaron a cantar a coro: «Gloria a Dios en las alturas, etc.». Los pastores, siguiendo las indicaciones recibidas, corrieron en busca del recién nacido y lo hallaron tal y como el ángel les había dicho.

[…]

[57] En un libro de ejemplos leemos que una mujer, tras de abandoner su anterior vida lúbrica y arrepentirse de ella, creía que no podría ser nunca perdonada. Si pensaba en el juicio, persuadíase de que ella, tan inmunda en otro tiempo, jamás podría ser recibida en el paraíso, y que sería arrojada a las penas infernales; si pensaba en la pasión de [58] Cristo, convencíase de que era una ingrata; mas un día, meditando en la infancia de Jesús y considerando cuán fáciles son de contentar los niños, invocó la misericordia de Nuestro Señor, apelando a los méritos de su Natividad y niñez, y oyó una voz que le aseguraba que todos sus pecados estaban ya perdonados.

 

Circumcision (2 Jan) (vol. 1: 84-91, Chapter XIII)

[85] Segunda: La imposición del nombre de Jesús

En esta festividad de la Circuncisión conmemoramos el hecho de que el octavo día de nacer el Niño le fue impuesto un nombre nuevo y significativo de la misión salvadora que había de realizar.

Un nombre nuevo, expresamente pronunciado por la boca del Señor; un nombre especialmente elegido por el Padre, y nombre tal, que no hay otro bajo el cielo que tenga, como tiene éste, virtud para obtener a los hombres la salvación; un nombre, escribe san Bernardo, que sabe a miel en los labios que lo pronuncian, suena a música en los oídos que lo oyen y produce regocijo en el corazón; un nombre que, según el mismo Bernardo, «com el óleo, ilumina; pronunciado, alimenta; meditado, llena el alma de paz; e invocado, sanctifica».

[…]

[86] ¡oh Jesús!: ¡Sé para mí todo eso que tu nombre de Jesús significa! El nombre de Jesús connote la idea de sumo poder. Con razón escribe Pedro de Ravena: «Lo llamarás Jesús, que quiere decir el que dio vista a los ciegos, oído a los sordos, movimiento a los impedidos, habla a los mudos, vida a los muertos, y con la fuerza de este nombre privó a los demoniosde la potestad que ejercían sobre los posesos». 

 

Epiphany (6 Jan) (vol 1: 91-97)

[95] La visión de la primera y segunda de estas estrellas produjo alegría a los Magos; la de la tercera, alegría regocijada; la de la cuarta, alegría muy grande; la de la quinta, alegría jubilosa grandísima. Esta alegría sucesivamente creciente en el ánimo de los Magos, señalada por el Evangelio, explícala [96] la Glosa por estas palabras: «Alégrase con regocijo grande quien se alegra en Dios, que es la fuente de gozos verdaderos. El regocijo fundado en Dios es siempre grande, porque grande es todo cuanto en Dios se funda; pero en toda magnitud, y también en la del júbilo caben diferentes grados; por eso, el gozo de los Magos, al ver a Cristo, fue no solo grande, sino grandísimo».

[…]

Jerónimo, en el libro segundo Sobre la Trinidad, dice: «Para una virgen, y la criatura que trae al mundo es el Hijo de Dios. Oyense al mismo tiempo los vagidos del pequeño y los cánticos laudatorios de los ángeles».

 

Septuagesima (vol. 1: 146-148)

[146] La Septuagésima se inicia el domingo en que la Iglesia canta aquellos de «Circumdederunt me, etc. (Me rodearon, etc.)», y concluye el séabado después de Pascua.

[…]

[147] A esto se debe el hecho de que durante todo este ciclo, correspondiente al tiempo de desviación y exilio, no suenenen los templos himnos de alegría; cierto que a partir del Sábado Santo en que celebramos la Pascua, se canta el Aleluya al final de la espístola; pero nótese que, durante toda la primera semana pascual, se canta solemnemente un verso aleluyático; se canta el Aleluya para dar a entender que nos congratulamos con la Esperanza de la gloria futura y en el sexto milenario de la edad del mundo hemos recuperado ya, mediante el bautismo, la estola de la inocencia; mas a continuación de ese único verso aleluyático se canta todavía el tractus, lo mismo que desde que empezó el tiempo de Septuagésima, significando con ello que la Septuagésima continua, y que debe continuar, por tanto, maestro trabajo asiduo en el cumplimiento de los preceptos divinos. En cambio, a partir del sábado que sigue el domingo de Pascua, como en esa fecha termina la Septuagésima, se deja de cantar el tractus y en su lugar se canta un segundo verso aleluyático, para significar que cuando con el séptimo milenario termine la edad del mundo, seremos revestidos de la segunda estola; la de la gloria imperecedera, de la que carecemos en la vida presente.

Tercero: para representar con los setenta días de la Septuagésima los setenta años que el pueblo de Israel permaneció cautivo de los babilonios. Durante este período de cautividad los israelitas ni tañeron sus instrumentos músicos ni cantaron, sino que decían: «¿Cómo vamos a cantar estando en una tierra ajena y sometidos a un poder extraño?» Por eso tampoco la Iglesia canta durante este ciclo himnos jubilosos. La alegría renació en los israelitas a partir de los sesenta años de su cautiverio, cuando Ciro les dio licencia para que iniciaran el regreso a su patria. En recuerdo de este gozo, comenzamos a cantar el Aleluya en la vigilia pascual del Sábado Santo, que simboliza el año sexagésimo del cautiverio de Bibilonia. La organización del regreso de los israelitas fue laboriosa; la recogida de sus enseres suposo para ellos mucho trabajo; de ahí que, para representar las penalidades que con este motivo pasaron, mantengamos nosotros a lo largo de la primera semana despues Pascua el canto del tractus, que es de índole penitencial. Hasta que los hijos de Israel no llegaron a su patria, su júbilo no [148] fue completo; solo cuando se vieron de nuevo en su tierra estalló plenamente su alegría; por eso, nosotros no prescindimos del canto del tractus hasta el sábado primero después de Pascua en que concluye la Septuagésima; ese día sí; para conmemorar el gozo pleno del pueblo de Israel omitimos definitivamente el canto del tractus y, a partir de entonces, cantamos durante todo el tiempo de Pascua dos versos aleluyáticos.

[…]

Pero así como ellos [los israelitas] tuvieron que trabajar denodadamente para organizar su regreso a la patria, así también nosotros, una vez liberados o redimidos, tenemos que seguir trabajando en el cumplimiento de los mandamientos de Dios; nuestro trabajo cesará y a él seguirá el disfrute de la gloria eterna cuando lleguemos a nuestra verdadera Patria; entonces, en cuerpo y alma cantaremos el cántico de Aleluya; pero hasta que no se produzca ese acontecimiento, es decir, mientras dure el tiempo de destierro, la Iglsia, sometida a enormes tribulaciones, y colocada al borde del abismo de la desesperación, desde lo más profundo de su ser eleva suspiros al cielo y dice: «me han rodeados gemidos de muerte, etc.», y expone al Señor sus sufrimientos derivados de la doble pena a que se ve sometida, porque por una parte tiene que soportar incomprensiones ajenas y, por otra, la vida irregular de no pocos de sus miembros.

 

Sexagesima (vol. 1: 148-149)

[148] La Sexagésima comienza el domingo en el que la Iglesia canta aquello de «exurge, quare obdormis, Domine, etc.»: ¡levántate! ¿por qué duermes Señor?, etc.), y conclyue el miércoles después de Pascua.

[…]

[149] La Sexagésima termina el miércoles primero después de Pascua, en el que la Iglesia canta aquello de «venid, benditos de mi Padre, etc», con cuyo canto se nos quiere dar a entender que cuantos en vida pratiquemos las obras de misericordia, al final de ella oiremos tal como Cristo nos anunció, esas mismas palabras: «Venid, benditos de mi padre, etc»., y veremos como se abren las puertas de  la gloria. Entonces terminará la viudedad de la esposa y entrará a reunirse con su esposo celestial y a gozar de sus abrazos.

 

Purification BVM (vol 1: 157-164)

[161] Tercero: Desde el punto de vista de la procesión litúrgica que se hace en esta festividad.

A través del exorcismo y bendición de las candelas se pretende significar que Cristo es Salvador; mientras las mismas permanecen encendidas en las manos de los asistentes se está certificando que Jesús es luz; la entrada de la procesión en la iglesia y los cánticos que durante ella se entonan representan la entrada de los fieles en la gloria por los méritos del Señor.

[explanation of pagan rituals associated with light; ritual of lights and singing praises to Pluto to seek good treatment for the souls of their predecessors; pope Sergio ordained that instead processions should be held for BVM with people carrying candles in their hands]

[162: the meaning of the procession of the purification of mother and child to reproduce that when the BVM presented Jesus to the temple; lighted candles represent Jesus]

 

Palm Sunday (vol. 2: 945-948)

[945] En la festividad de este día nuestra santa madre Iglesia conmemora solemnemente dos procesiones históricas: Primera, la que hicieron algunos judíos desde el Monte Olivete hasta Jerúsalen agitando ramos de palma y de olivo y aclamando a Cristo con cánticos vibrantes: esta procesión que constituyó un magnífico homenaje en honor del Señor, es recordada hoy por la Iglesia a través de la lectura del evangelio. Segunda, la que efectuaron otros judíos conduciendo a Cristo entre befas y escarnios desde Jerusalén hasta el monte Calvario, procesión dolorosa e ignominiosa cuyo recuerdo efectúa la Iglesia en esta fecha mediante la lectura de la Pasión del Señor.

En relación con la primera de estas dos procesiones, vamos a considerar los cuatro puntos siguiente:

Primero. Quiénes hicieron esta procesión

Hiciéronla no gentes poderosas y ricas, sino niños y personas pobres. Así se infiere del evangelio que se lee al final de la misa de este domingo, en el que se dice: «La numerosísima muchedumbre de la plebe alfombraba el camino con sus propias ropas» Precisamente, mientras los pobres y los niños aclamaban a Cristo, los fariseos y los notables de la ciudad estaban ya maquinando su muerte.

Quienes ordinariamente andaban alrededor de Jesús solían ser personas de condición humilde y modesta. De entre los ricos del país por aquel tiempo, sólo uno de ellos fue amigo de cristo, Zaqueo (Luc, 19); y sólo otro de entre los poderosos: el Centurión (Mat. 8) […]

[second: allowed himself to be garlanded in this procession to remind people that even the most prosperous and privileged have to die]

[946] Tercero ¿A qué se debió que Cristo, en medio de los honores que en aquella procesión le tributaron, prorrumpiese en lágrimas?

Según el capítulo 19 del evangelio de san Lucas, cuando Cristo rodeado de tantos agasajos llegó a la ciudad de Jersualén, lloró sobre ella. Pero, ¿por qué?  Pues para darnos a entender que las satisfacciones y alegrías de este mundo están entreveradas de dolores y de lágrimas. En el cielo todo es puro; en la tierra, en cambio, todo tiene mezcla, y en infiernotodo es hediondo.

[947: good and bad people attended the second procession

948: En la primera procesión los judíos tributaron a Cristo seis mangníficos honores, mientras que en la segunda le escarnecieron con seis géneros de vituperio.

 

Passion of Christ (vol. 1: 217-227) 

[218] [on torments of Christ: eyes: tears of suffering from pain and of compassion]

Fue atormentado en sus oídos, al escuchar las palabras de escarnio y las blasfemias de que le hicieron objecto. [truth of Son of God, noble qualities, power and goodness] Pues bien, contra estas cuatro soberanas cualidades tuvo que oír improperios y blasfemias. [against nobility: son of a carpenter; against power: he was the devil; against truth, that he was a liar; against goodness, that he was a sinner by nature]

[219] tormented by smell of dead bodies at calvary; tormented by taste of vinegar; tormented by touch since every part of body was hurt

[…]

Sus oídos, acostumbrados a escuchar los cánticos de los ángeles, fueron atormentados por los insultos de los pecadores.

[220] San Bernardo pone en boca de Jesús estos apóstrofes dirigidos a nosotros, los pecadores: ¡Tú, que no eres mas de un hombre, te coronas de flores mientras yo, que soy Dios, estoy coronado de espinas! ¡Tú llevas las manos enguantadas; yo, en cambio, tengo las mías atravesadas por gruesos clavos! ¡Tú te engalanas con ricos vestidos blancos para asistir a fiestas; también yo fui cubierto por orden de Herodes con una vestidura blanca, pero en son de burla! ¡Tú emplease tus pies para danzar y divertirte; yo emplée los míos para trabajar! ¡Tú extiendes tus brazos cuando bailas en señal de gozo; en señal de oprobio extendí yo los míos sobre la Cruz! ¡En esa postura, gozas; en esa postura yo sufrí! ¡Tú tienes tu pecho y tus costados dilatados y henchidos de vanidad; yo los tuve, en beneficio tuyo, perforados por una lanza! A pesar de tantas diferencias, si tornas a mí, te recibiré».

 

Minor litanies (vol. 1: 295-299)

[296] Las letanías Menores que tienen lugar en los tres dias inmediatamente anteriores a la fiesta de la Ascensión fueron establecidas por san Mamerto, obispo de Viena, en tiempos del emperador León, [297] que comenzó a reinar hacia el año 458. Son, pues, más antiguas que la llamada Letanía Mayor, y comúnmente reciben los nombres de Procesiones y de Rogativas

Si la primera de estas Letanías es calificada de Mayor, por las razones apuntadas, estas otras son llamadas Menores, por estos tres motivos: porque fueron instituidas por un obispo, cuya autoridad es inferior a la de un papa; porque se hicieron por primera vez en Viena, ciudad de menos categoría que Roma; y porque la calamidad que inspire su establecimiento no fue tan grave como la otra a que nos hemos referido. La causa de su institución fue ésta: por aquel tiempo se producían a menudo en Viena terremotos que ocasionaban el derrumbamiento de casas e Iglesias. Frecuentemente, de noche se oían misteriosos ruidos y quejumbrosos clamores. Un año, el día de Pascua, una ráfaga de fuego procedente del Cielo redujo a cenizas el palacio del rey. Pero a más de esto, y por entonces también, ocurrió algo terrible: lo mismo que por permisión divina una turba de demonios se apoderó de una piara de cerdos, el año a que hemos aludido. Dios, para castigar a los hombres por sus pecados, permitió que manadas de lobos y de otras fieras se introdujeran en la ciudad y anduvieran libremente por las calles a la vista de todo el mundo; pero no paraba ahí la cosa, sino que las referidas alimañas, con la mayor naturalidad, devoraban a los niños y a los ancianos y a las mujeres. Casos de estos ocurrían todos los días, y para poner remedio a tal situación el mencionado obispo dispuso que se celebrara un ayuno colectivo durante tres jornadas consecutivas e instituyó estas Letanías. Las penitencias y Rogativas resultaron eficaces, puesto que, a raíz de su celebración, la calamidad cesó. Más adelante la Iglesia determinó que en todo el mundo Cristiano se introdujese la práctica de esta Letanía.

El nombre de Rogativa que se da a este triduo annual, se debe a que durante esos tres días rogamos a todos los santos que audan en nuestra ayuda.

Muchas son las razones que abonan la conveniencia de seguir observando o celebrando este triduo anual de ayuno y de invocación de los santos. He aquí algunas de ellas:

Primera. Para que Dios nos libre de guerras y nos concede paz. No olvidemos que es sobre todo en primavera cuando suelen desencadenarse los conflictos bélicos.

Segunda. Para que el Señor conserve las sementeras y plantas, todavía tiernas e inseguras en esta estación.

Tercera. Para que cada cual, mediante la mortificación de su cuerpo, refrene los movimientos carnales, especialmente agresivos en esta época del año, debido a que en primavera la sangre está más caliente y las tendencias ilícitas de las pasiones tienen especial fuerza.

Quarta. Para que cada uno de nosotros nos preparemos convenientemente en orden a la recepción digna del Espíritu Santo. El ayuno y las rogativas robustecen la vida del alma y dejan al hombre en mejores condiciones de dignidad para alojar que su interior congruentemente al divino Espíritu.

A las anteriores razones añade el maestro Guillermo de Auxerre estas otras dos:

  1. Para que la Iglesia renueve y desarrolle su fe en estas palabras que Cristo, momentos antes de subida al Cielo, dijo: «Pedid y recibiréis», y, de acuerdo con las mismas, pida con major confianza.
  2. Para que los creyentes, al ayunar y macerar nuestra carne, aligeremos el peso del cuerpo, y al orar nos elevemos, ayudados por esas dos alas que la oración proporciona: que no sin motivo suele decirse que la oración es al que ora, lo que son las alas a las aves. El alma, mediante la oración, se remonta al cielo y puede seguir con agilidad a Cristo en su Ascensión, que, precisamente, al ascender y volar sobre las ondas de los vientos, fue delante de nosotros, a modo de guía, abriendo camino para nuestro propio vuelo. Las aves que, como el avestruz, tienen mucha carne y pocas plumas, no pueden volar bien.

El nombre de Procesiones, dado a estas Letanías [menores], obedece a que durantes estos tres días la Iglesia celebra procesiones generales. En esta procesiones se observa el siguiente ritual: abre la marcha la insignia de la Cruz, se enarbolan estandartes, se implora el auxilio de los santos invocándolos nominalmente, se hacen sonar las campanas, y en algunos lugares se lleva una imagen de un dragón con una cola enorme. Se abre la marcha con la santa Cruz y se tocan las campanas durante la procesión para asustar a los demonios y obligarlos a huir. Los reyes, cuando marchan al frente de sus ejércitos, exhiben banderas a modo de insignias reales y marchan entre resonar trompetas. Cristo Rey eterno, Jefe supremo de su Iglesia Militante, en vez de banderas utiliza cruces, y en lugar de trompetas, campanas. Los tiranos, cuando ven flamear en las tierras que han usurpadon los estandar-[298]tes del verdadero señor de ellas, y oyen los sonidos de las trompetas, se llenan de pavor y huyen. También los demonios, que suelen andar ocultos entre las brumas del aire, al ver las banderas de Cristo, que son las cruces, y al oír los repiqueteos de las campanas sienten un miedo espantoso y escapan. Esta es la razón, al menos así comunmente se cree, de que la Iglesia tenga la costumbre, desde muy antiguo, de hacer sonar las campanas cuando amenaza alguna tormenta, porque los demonios, que son quienes alteran el aire y producen las tempestades, en cuanto oyen esas trompetas de Jesucristo huyen despavoridos y abandonan la mala tarea que estaban haciendo. Claro que también la práctica tradicional de tocar las campanas cuando hay tormenta puede obedecer al deseo de avisar e invitar a los fieles a que se entreguen a la oración mientras dura el peligro.

            La Cruz es verdaderamente el estandarte de Cristo. Así se reconoce expresamente en el himno litúrgico de Pasiónque comienza con estas palabras: «Vexilla regis prodeunt…» Ya aparecen los estandartes del Rey… Acerca del enorme terror que los diablos sienten ante esta insignia, escribe el Crisóstomo: «Tan pronto como los demonios ven esta enseña del Señor, huyen despavoridos, porque reconocen en ella la vara con que fueron vapuleados. Por eso, cuando en alguna parte de la Cristiandad hay tormenta, sácase de las Iglesias la Cruz y se la pone a cara de las nubes, para que los diablos, al ver esta bandera del Rey supremo, se espanten y huyan aterrorizados. Por eso también la Cruz abre las procesiones y se tocan durante ellas las campanas, porque los espíritus diabólicos que andan sueltos por el aire, asustados por la presencia de la Cruz y por el sonido de las campanas, emprenden la huída y dejan de hacer daño».

            En la procesión de la Letanía Menor se saca además un pendón para representar las victorias que Cristo obtuvo con su Resurrección y el botín que consigo llevó al cielo en su Ascensión. Ese pendón, tremolando por el viento, simboliza al Señor subiendo a la gloria; los fieles que caminan tras del pendón, representan al cortejo de los santos que, siguiendo los pasos del Redentor, subieron a las moradas eternas; los himnos que se cantan durante la procesión nos recuerdan los cánticos de alabanza que los ángeles entonaron acompañando a Cristo y dándole escolta durante el viaje de su triunfal Ascensión, hasta que finalmente lo dejaron entronizado en la mansion celestial.

            En algunas Iglesias, particularmente en las Galias, existe la costumbre de llevar en las procesiones de las Letanías Menores una imagen de un dragón con una enorme cola llena de paja o de otras cosas. Durante las procesiones de los dos primeros días la imagen del dragón va delante de la Cruz, con la cola muy hinchada y enhiesta; en cambio, en la del día tercero, el monstruo va detrás de la Cruz, y con el rabo vacío y laico. Con esto se pretende significar que, si bien el demonio reinó en el mundo durante el tiempo anterior a la promulgación de la ley, representado por el día primero de las Rogativas, y en la época en que el pueblo judío vivió bajo la ley Antigua, época representando por el Segundo día de Rogativas, perdió su imperio con la Pasión de Cristo, que dio paso al tiempo de gracia, representado por el día tercero de estas letanías.

En estas tres procesiones se invoca la ayuda de todos los santos por muchos motivos, algunos de los cuales ya quedaron expuestos en páginas anteriores; pero, aparte de esos, hay otros de carácter general en los que Dios se ha fundado para inspirarnos esta práctica piadosa de invocar públicamente a sus bienventurados, y principalmente estos tres: nuestra indigencia, la glorificación de ellos y la reverencia divina. Los Bienaventurados conocen las peticiones de quienes los invocan. A través del espejo eterno de la esencia de Dios; en ese espejo ven reflejado cuanto atañe a su propia felicidad y a la ayuda que nosotros de ellos necesitamos.

            Analicemos los motivos susodichos. El primero es nuestra indigencia: indigencia en el orden del merecimiento, puesto que carecemos de méritos propios y necesitamos ser socorridos con méritos ajenos; indigencia en el orden de la contemplación: como somos incapaces de mirar directamente hacia la luz suprema, nos queda el recurso, y a él temenos que apelar, de ver reflejada esa luz en los santos; indigencia en el orden del amor, en virtud de la cual la imperfección de nuestro corazón nos mueve a aficionarnos a tales o cuantos santos de nuestra devoción, más que el mismo Dios. El Segundo de esos motivos es la glorificación de los Bienaventurados; al ponerlos como intercesores de lo que les pedimos, reconocemos su excelencia, y al reconocerla los alabamos, y al alabarlos los glorificamos; por eso el Señor quiere que los invoquemos. El tercero de los motivos mencionados es la reverencia divina: es decir, el temor reveren-[299]cial que la majestad de Dios nos inspira. Efectivamente, por respeto y confusion no nos atrevemos a comparecer en la divina presencia, porque sabemos que hemos pecado y ofendido al Señor, y en tal estado de tímidez, recurrimos a los buenos oficios de sus amigos, para que ellos patrocinen nuestras demandas.

            Haríamos muy bien si durante esas procesiones de las Letanías repitiéramos a menudo el cántico que dice: «Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal: Ten misericordia de nosotros». Y digo esto por lo que San Juan Damasceno cuenta en el libro tercero de su obra. Efectivamente, en ese sitio el mencionado santo doctor refiere lo siguiente: en la ciudad de Constantinopla, en cierta ocasión, estaba el pueblo celebrando una procesión pública para que el Señor pusiera fin a una gran calamidad que los afectaba. Pues bien, en el transcurso de aquella procesión, de pronto, un niño que en ella iba fue súbitamente arrebatado desde el suelo hasta el cielo, y, mientras permaneció en él, oyó que allí se cantabaininterrumpidamente este cántico, lo aprendió de memoria y, cuando el poder misterioso que lo elevó a la gloria lo devolvió nuevamente a la tierra y lo dejó otra vez en la procesión, el niño, delante de todos los asistentes, canto el referido cántico, y nada más cantarlo cesó la calamidad aquella. El Concilio de Calcedonia aprobó la letra de esta canción. San Juan Damasceno termina su relato con estas palabras: «Estoy seguro de que los demonios huyen velozmente en cuanto oyen cantar esta invocación». Cuatro argumentos pueden aducirse en apoyo de la eficacia de este cántico y de la conveniencia de que frecuentemente lo cantemos: que nos lo han enseñado los ángeles; que cuando el niño lo cantó en Constantinopla cesó la tribulación que el pueblo padecía; que el Concilio de Calcedonia con su autoridad aprobó esa letra; y que los demonios tienen mucho miedo a oírla.

 

Ascension Day (vol. 1: 301-308)

On the question how Christ ascended to Heaven:

[303] Tercero: Jubilosamente. O sea, con alegría y entre cánticos gozosos de los ángeles. «Dios», dice el salmista «ascendió con júbilo». San Agustín comenta así este pasaje: «A subir Cristo al cielo, el firmamento entero se sobrecogió, los astros se admiraron, los ejércitos celestiales le aclamaron uniendo el sonido de sus trompetas a las dulces melodías de los coros de los ángeles».

[Primero: poderosamente; segundo: abiertamente; cuarto: velozmente]

Questions of the angels as to the ascension of Christ:

[304] La tercera pregunta hiciéronla los ángeles menores a los mayores, y fue ésta: «¿Quién es este Rey de la gloria?» Los interrogados respondieron: «El Rey de la gloria es el Señor Todopoderoso».

Comentando esta pregunta y la acertada respuesta que a ella dieron los ángeles mayores, escribe san Agustín: «La inmensidad del espacio quedó sanctificada con el paso de aquella divina procesión: las legiones de demonios que infestaban el aire, en cuanto vieron a Cristo subiendo al cielo, huyeron precipitadamente. Algunos ángeles salieron al encuentro de la comitiva y preguntaron: ¿Quién es este Rey de la gloria? Los del cortejo respondieron: Este es aquel de quién se os dijo que era blanquísimo como la nieve, y encarnado como la púrpura; Este es aquel de quien se vaticinó que iba a quedar sin prestancia y sin hermosura; Este es aquell que se mostró débil sobre el madero, y fuerte cuando de todo se fue despojado; vil en apariciencia en cuanto a su cuerpo destrozado, pero poderoso en el batallar; horrendo en su aspecto al morir, mas hermoso al resucitar; la blancura la recibió de la Virgen, su Madre, y el color rojo purpúreo lo adquirió en la Cruz; los oprobios lo en-[305]negrecieron, pero El es quien llena de luz las mansiones celestiales.»

 

Pentecost (vol. 1: 308-317)

[309] II. De cuántos modos fue enviado o puede ser enviado.

En relación con esta cuestión conviene saber que el Espíritu Santo puede ser enviado de una de estas dos maneras: penetrando en las almas invisiblemente, o introduciéndose en ellas de modo visible, o sea, manifestando su presencia mediantes señales sensibles. A estas misiones visible se refiere san Juan cuando, en el capítulo tercero de su evangelio, reproduciendo las palabras dichas de Cristo a Nicodemo, describe: «El Espíritu sopla donde quiere: oyes su voz, pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va». Eso nada tiene de extraño, porque como san Bernardo afirma a propósito del Verbo invisible, «no entra por los ojos porque no tiene color; ni por los oídos, pues carece de sonido; ni por la nariz, porque ni es aire ni cosa que altere el aire; ni por la boca, porque no es algo comestible ni bebible; ni por el tacto, puesto que no es palpable. Si me preguntas que cómo siendo sus caminos tan insondables puedo tener yo conocimiento de su presencia, te diré: sé que está en mí, por el temor que experimento en mi corazón; reconozco su presencia, porque advierto que tengo fuerza para superar mis vicios; si miro y discurro, me doy cuenta de la profundidad de su sabiduría como si la viera con mis propios ojos; de la menor enmienda de mis costumbres deduzco que me acompaña la bondad de su mansedumbre; de la reforma y renovación spiritual de mi alma infiero la hermosura de su aspecto, y al considerar todas estas cosas me siento sobrecogido ante la inmensidad de su grandeza.» Hasta aquí san Bernardo.

            Si la misión se manifesta al exterior por alguna señal sensible, entonces decimos que tal misión es visible. Recordemos que el Espíritu Santo se manifesto visiblemente bajo cinco formas distintas:

  1. La de paloma cuando Cristo fue bautizado: «El Espíritu Santo, en forma de paloma, descendió sobre el» (Lucas. 3).
  2. La de nube luminosa sobre Cristo transfigurado: «Todavía estaba El hablando cuando de pronto surgió una nube y los envolvió» (Mateo, 17). Acerca de esto dice la Glosa: «Durante la transfiguración del Señor ocurrió lo mismo que había ocurrido durante su bautismo. El Espíritu Santo manifestó el misterio de la Santísima Trinidad, mostrándose en un caso en figura de paloma y en el otro a modo de una nube luminosa».
  3. La de hálito: De ésta habla San Juan en el capítulo 20 de su evangelio: «Sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo».
  4. La del fuego.
  5. La de lengua. Estas dos últimas fueron las que adoptóse al mostrarse tal día como hoy. Si para manifestarse en las ocasiones referidas fue porque quiso darnos a entender que cuando desciende sobre los corazones produce en ellos efectos con propiedades semejantes a las que naturalmente tienen los signos que utilizó. Veámoslo. La primera vez se dejó ver en forma de paloma. La paloma no canta, sino que gime; no tiene hiel; habita entre los huecos de las piedras. Pues bien, el Espíritu Santo hace que aquellas cuyas almas se introduce giman por sus pecados, como se dice en estos pasajes de la Sagrada Escritura: «Como osos, rugiremos todos y como palomas pensativas gemiremos» (Isías, 59). «El mismo espíritu pide por nosotros con gemidos inenarrables» (Rom. 8). En quien el Espíritu Santo mora no hay hieles ni amarguras, como se nos dice en el libro de la Sabiduría, en cuyo capítulo 12 leemos: «Qué bueno eres, Señor, y cuánta suavidad produce tu Espíritu en nuestras almas!»; y en el capítulo séptimo se nos advierte: «Se le califica de dulce, benigno y humano, porque a El se debe que aquellos en que habita sean dulces, benignos y humanos: dulces en el hablar, benignos en el pensar y humano en el obrar». […] 

[312] [San Agustín: «tiene tanto poder que, si se encuentra con tristeza la hace desaparecer; si se halla a su paso deseos perniciosos, los extingue; si tropieza con el miedo, lo ahuyenta».] 

V. De qué manera fue enviado.

En torno a esta cuestión vamos a considerar tres puntos, a saber: que el Espíritu Santo se presenta acompañado de ruido; que adoptó la forma de lenguas de fuego, y que estas lenguas de fuego se posaron sobre los apóstoles.

Punto primero: el Espíritu Santo se presenta acompañado de ruido. En cuanto a este ruido, notemos tres cosas: que se produjo súbitamente; que procedía del cielo y que llenó con su resonancia todo el Cenáculo.

  1. El ruido se produjo súbitamente. En efecto, se produjo, no poco a poco, sino de repente; y ocurrió así porque el Espíritu Santo no procede con lentitud, como las moles pesadas.
  2. El ruido provenía del cielo. Es decir, fue de naturaleza celestial, y celestiales también fueron los efectos que produjo. El autor del relato de este episodio calificó al ruido de vehemente, y diole este calificativo por una de estas dos razones: o porque despertó en los apóstoles un saludable temor filial que arrancó de sus almas para siempre el riesgo de proferir el iay! De las eternas lamentaciones, o porque alejó sus mentes de cosas temporales. Tengamos en cuenta que la palabra vehemente, en latín vehemens, deriva de estas otras: o de vaeh adimens, o de vehens mentem; en el primer caso o supuesto (vaeh adimens), significa desterrador del vaeh o iay! Que los lamentadores profieren en sus lamentos; en el Segundo (vahens mentem), equivale a conductor de la mente.
  3. El ruido llenó en sus resonancias todo el Cenáculo. Esto quiere decir dos cosas, que el ruido se oyó en todo el local y todos cuanto allí estaban reunidos quedaron repletos del divino Espíritu, como exactamente declara el texto: «Todos quedaron llenos del Espíritu Santo».

[When an object is full of something]: ‘si la cosa en cuestión no resuena cuando la golpeamos… Primero: Una cosa llena, no resuena. Hagamos la prueba con una tinaja replete de algo; golpeémosla y observaremos cómo no suena. En el capítulo cuarto de Job hallamos esta pregunta: «¿Acaso muge el buey si tiene el pesebre lleno?» Esta pregunta nos da a entender que si el pesebre del corazón está lleno de la gracia no haya lugar para los mugidos de la impaciencia. Este signo primero se dio en el caso de los apóstoles, quienes en medio de sus tribulaciones no solo emitieron sonido alguno de impaciencia, sino que, al contrario, comparecieron llenos de alegría antes sus jueces.]

[what is saturated cannot admit more; [313] contents may even spill over, as in the case of the apostles, who, having received the Holy Spirit, overflowed ‘y comenzaron a expresarse en varias lenguas.’]

Punto segundo: El Espíritu Santo adoptó la forma de lenguas de fuego.  También en cuanto a esto debemos considerar tres cosas: por qué eligió la conjunción lengua y fuego: por entre los cuatro elementos prefirió el fuego a los demás; y por qué se configura en forma de lengua.

En cuanto a la primera de ellas, o sea, en cuanto a la asociación de la lengua y el fuego, hemos de decir que que hizo esta conjunción por los tres motivos siguientes: Primero, Para comunicar fervor a las palabras que los apóstoles utilizarían en su ministerio. Segundo. Porque los apóstoles estaban destinados a predicar el cumplimiento de una ley fervorosa y ardiente: la ley de la caridad. Atinadamente observa san Bernardo: «Vino el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego para que aquellos sobre quienes descendió hablasen palabras encendidas en los idiomas de todos los pueblos, y para que con sus lenguas propias con ardorosa vehemencia predicasen el mandamiento urgente y fogoso del amor». Tercero. Para que estuviesen ciertos de que el Espíritu Santo, que es fuego, hablaba por medio de ellos; para que no desconfiasen del éxito de la empresa de la evangelización; para que no se atribuyesen a sí mismos los méritos de las conversiones que había de producirse; y, finalmente, para que los oyentes reconociesen que la predicación que oían era verdaderamente palabra de Dios».

[why choose fire? Fire inspires fear which creates humility; fire is beautiful; fire is efficient]

[315] VI. Sobre quienes fue enviado. [mention of singing of hymn]

Cuarta. Dedicación a la oración. Que estaban entregados a la oración lo asegura el libro de los hechos: «Todos ellos oraban con asiduidad y perseverancia». En el oficio litúrgico del Pentecostés la Iglesia canta: «A la hora de tercia, cuando estaban orando, Dios anunció su llegada por medio de un ruido celestial».

[316] VII. Por qué fue enviado.

El Espírtu Santo es llamado consolador, observa san Gregorio, «porque a los que están atribulados por sus pecados los anima con la Esperanza del perdón y aleja de sus almas la aflicción y la tristeza».

VIII. Por medio de qué fue enviado.

Segundo. El de la aceptación de la predicación. Por este medio descendió sobre una multitud de cristianos cuando atenta y devotamente oían la palabra de Dios. Así lo certifica el autor del libro de los Hechos en el capítulo 10. He aquí sus palabras: «Cuando Pedro estaba aún predicando, el Espíritu Santo descendió sobre todos cuantos le escuchaban».

 

Corpus Christi (vol. 2: 956-959)

956 [brief history of creation of feast of CC by Urban IV so that all should know more of the sacred mysteries of the Christian faith]

957: Para que la celebración de esta festividad resultase más solemne, más devota y más provechosa a los fieles a Cristo, y para que éstos se sumasen a ella en mayor número y de mayor gana, el referido obispo de Roma hizo saber que cuantos asistiesen a los oficios y actos de culto que en este día se celebran en las iglesis en honor del Sacratísimo Sacramento, en lugar de recibir las dádivas materiales que en determinadas fiestas solían distribuirse en las catedrales entre los asistentes a las horas canónicas diurnas y nocturnas en ellas se cantaban, podrían lucrar, si asistían a los aludidos oficios confesados y arrepentidos de sus pecados, muchas y muy útiles gracias espirituales… [list of indulgences] He aquí lo que, para alegría y spiritual regocijo de todos los redimidos por la sangre del Señor, para promover nuestra devoción y para ayudarnos a venerar debidamente este Sacramento, escribió el profundísimo doctor santo Tomás de Aquino, autor de la totalidad del oficio que la Iglesia canta en esta festividad:

«Celebremos gozosamente esta solemnidad sagrada. Resuenan nuestros cánticos salidos del más hondo de nuestro corazón…» [Sacris solemniis]

[958: Louis XII  and singing of ‘O salutaris hostia’.]

 

Birth of St John the Baptist (vol. 1: 335-342)

[5 characteristics of St John Baptist]

Segunda: the miracles that took place at the time of his birth

[337] Otros se realizaron al tiempo de nacer, como la comunicación divina de espíritu profético a su padre y a su madre; ésta, por inspiración sobrenatural, conoció el nombre que debería llevar su hijo; su padre prorrrumpió en un cántico de alabanza; pero en el Nacimiento de Juan ocurrieron otros dos milagros más: Zacarías recuperó el habla repentinamente y sobre él descendió el Espíritu Santo; «su padre», dice el texto sagrado, «vióse pronto lleno del Espíritu Santo, etc». A este propósito comenta san Ambrosio: «Mirad a Juan: ¡Cuánta fuerza hay en este niño! Por virtud de un ombre, un mudorecobró el habla; un padre tuvo un hijo; un pueblo pudo cantar de nuevo con los servicios piadosos de uno de sus sacerdotes; poco antes de que ese niño naciera, una lengua había enmudecido; Zacarías era estéril; por su mudez quedó privado del ejercicio de su ministerio; pero en cuanto el niño nació, el mundo, de repente, comenzó a hablar; se convirtió en profeta; tuvo un hijo, regalo del Espíritu Santo y recobró su capacidad para continuar en el ejercicio de sus funciones sacerdotales.

[…]

[340] on the preaching of San Juan

Predicó con fervor: «Raza de víboras» decía, «quién os librará de la ira divina? Haced frutos dignos de penitencia» Su fervor se caracterizaba por estas cuatro cualidades:

[1) inflamado por la caridad; 2) informado por la verdad; 3) dirigido por la discreción; 4) firme y constante]

Predicó con eficacia: Movidos por su predicación fueron muchos los que se convirtieron Predicó con sus palabras, exponiendo asiduamente la doctrina de la ley; predicó con sus ejemplos a través de la santidad de su vida, y predicó y convirtió a muchos con sus méritos y devotas oraciones.

Scared the bad, stimulated the good

[341] fiesta of Nativity of St JB originally that of ST JE; anecdotes:

2 Pablo, diácono y monje de Montecassino, y autor de la Historia de los Lombardos, un año, cuando se disponía a cantarla bendición del cirio pascul, se quedó ronco y perdió la hermosa voz que hasta entonces había tenido. Deseando recuperarla, se encomendó a San Juan Bautista, y compuso en su honor el célebre himno que comienza con estas palabras: «Ut queant laxis resonare fibris mira gestorum famuli tuorum…» es  decir, «para que tus admirables gestas puedanresonar en las distendidas cuerdas vocales de tu siervo…». A través de estos versos pidió al santo que le devolviera la posibilidad de continuar cantando, como había devuelto a su padre Zacarías la facultad de hablar.

 

Invention of St Stephen (vol. 1: 436-440)

[Story of Luciano, a priest who lived near to Jerusalem; has vision of an old man who came to him while half-asleep to say that he and others had been buried in vile conditions not appropriate to their standing, and asking him to disinter them and rebury them in a better place, advising the bishop of the matter. The old man was Gamaliel, teacher of St Paul, and he said he was buried with San Esteban who had been stoned to death, and also his nephew Nicodemus and his son and disciple Abibas who was baptized. Luciano’s doubts were assuaged with a further two visits from Gamaliel, the first with emblems identifying the four buried and the second to reprehend Luciano for not taking action.]

[437] A la mañana siguiente, Luciano, en cuanto despertó, se fue a Jerusalén, se entrevistó con el obispo Juan y le refirió detalladamente lo relativo a las tres visiones que había tenido, Juan convocó a los demás obispos de la comarca y todos juntos se dirigieron con Luciano al sitio que a éste le había indicado Gamaliel. Apenas comenzaron a cavar, la tierra se agrietó. Los asistentes advirtieron que por entre las grietas salía un aroma exquisito. Entre las muchas personas que se hallaban presentes había setenta hombres enfermos aquejados de diferentes dolencias y los setenta quedaron repentinamente curados de sus respectivas enfermedades al aspirer la suavísima fragrancia que brotaba de la tierra removida. Los cuerpos de los cuatro santos, una vez exhumados, fueron llevados procesionalmente entre cánticos y aclamaciones a Jerusalén y coloca[438]dos en la iglesia llamada de Sión, en la que san esteban había ejercido su ministerio de diácono. Tan pronto como la procesión de las sagradas reliquias entró en el mencionado templo, comenzó a llover torrencialmente y cesó la pertinaz sequía con que el Señor venía castigando desde tiempos atrás a las gentes de aquella region.

[438] The translation of the body of San Esteban

[Account of St Augustine, of Juliana who mistook the coffin of san Esteban for that of her husband and took it to Constantinople rather than Alexandria]

Durante el traslado ocurrió lo siguiente: al poco rato de que el barco en el que viajaba la viuda con el arcón iniciara su marcha sobre el agua, el aire se llenó de fragrancias exquisitas y de dulcísimos sonidos de melodías intonadas por los ángeles. Mas he aquí de pronto una turba de demonios rodeó la nave y empezó a gritar: «¡Ahí va el protomártir Esteban? ¡Ay de nosotros! ¡A medida que este navío avanza con los restos del santo a bordo, el ardor del fuego con que somos atormentados se hace más y más insoportable!» Poco después los diablos encadenaron una horrorosa tempestad con intención de provocar el naufragio del barco. Los marineros, viéndose en tan gran peligro, invocaron a san Esteban. Este inmediatamente se les apareció y les dijo: «Aquí estoy; no tengáis miedo». El aquel mismo momento la tempestad cesó, y repentinamente las aguas del mar se sosegaron Los diablos, derrotados por el prodigio, tornaron a gritar y a decir: «¡Satanás!, príncipe impío! ¡Incendia el barco! ¡Quémalo, porque a bordo de él va nuestro enemigo Esteban!» Satanás en seguida envió cinco demonios que trataron de prender fuego al navío, pero no lo consiguieron porque rápidamente acudió un ángel del Señor, se enfrentó con los incendiaries y los arrojó al fondo del abismo.’

[Eventually reached Constantinople safely]

 

Assumption BVM (vol. 1: 477-498)

[On her deathbed the Virgin Mary was filled with the desire to see her Son again, and fervently wished to see the apostles before she died. Signs appeared to John and they gathered and went to where she lay dying.]

[478] «Cuando Santa María —continua el relato del libro apócrifo— vio reunidos a todos los apóstoles, encendió las lámparas y cirios que había en casa, bendijo al Señor y se sentó en medio de los reunidos. Hacia la tercera hora de la noche llegó Jesús acompañado de los diferentes órdenes de ángeles, de los grupos de los profetas, de los ejérciros de los mártires, de las legiones de los confesores y de los coros de las vírgenes. Cuantos constituían este numerosísimo cortejo se situaron ordenadamente ante el trono de la Santa Madre y empezaron a cantar dulcísimos himnos

El referido libro atribuido a san Juan prosigue describiendo el cuadro de las exequias que los reunidos celebraron a continuación en honor de María, y dice: «Inició el oficio el proprio Jesús, con estas palabras: Ven querida Madre mía; ven conmigo a compartir mi trono, porque me tienes cautivado con tu hermosura. María respondió: Mi corazón está preparado, Señor, mi corazón está preparado. Luego los que habían venido acompañando a Jesús entonaron con suavísima dulzura este versículo: He aquí una mujer que jamás mancilló su tálamo con deleites sensuales; [479] por eso recibirá como recompensa el premio reservado a las almas santas Entonces María repitió lo que un día, años antes, dijera: El que todo lo puede, cuyo nombre es santo, ha obrado en mí cosas grandes; pore so todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Seguidamente, el que dirigía a los demás cantores, elevando el tono de su voz entonó esta antífona: Ven desde el Líbano, que vas a ser coronada. A lo cual María contestó: Voy, Señor, voy, que en el Libro de la Lay se dice de mí que en todo y siempre hare tu voluntad y que mi espíritu se complace en ser fiel a tus deseos, ¡oh mi Dios y Salvador! En aquel preciso momento el alma de la Virgen salió de su cuerpo y voló a la eternidad en brazos de su Hijo. Su muerte produjo sin dolor, sin agonía y sin nada de cuanto hace penoso y triste el morir.

En cuanto María expiró, el Sñor dijo a los apóstoles:

  • Toma del cuerpo de mi Madre, llevadlo al valle de Josafat, colocadlo en un sepulcro nuevo que allí encontraréis y no os mováis de aquel lugar hasta que yo vaya, que será de aquí a tres días.

Dicho esto, Cristo, con el alma de su Madre en los brazos, emprendió su viaje hacia la gloria rodeado de infinidad de rosas rojas, es decir, de multitud de mártires, y de una innumerable cantidad de azucenas, porque azucenas parecían los ejércitos de los ángeles, de los confesores y de las vírgenes que le daban escolta.

Los apóstoles, al ver que el magnífico cortejo se alejaba de la tierra, comenzaron a exclamar:

—¡Oh Virgen preudentísima, te vas y nos dejas! ¡Señora, no te olvides de nosotros!

Quienes habían quedado en el cielo, al oír los cánticos de los que a él subían, llenos de admiración salieron al encuentro de aquella solemnísima procesión, y al ver a su Rey portando en sus brazos el alma de una mujer gallardamente entronizada sobre las palmas de las manos divinas, profundamente impresionados por la grandiosidad del espectáculo exclamaron a coro:

—Quién es ésta que viene del desierto rodeada de delicias y erguida sobre las manos de su amado?

Los de la procesión contestaron:

—Ésta es la más hermosa de las doncellas de Jerusalén; vosotros la conocéis; es la criatura que vivió llena de amor y de caridad.

Así fue como María jubilosamente entró en el Cielo y tomó posesión del trono que le estaba reservado a la derecha del de su Hijo.

[…]

[479] [on who should carry Mary’s coffin; Pedro tells Juan:] ‘Yo llevaré el santo cuerpo; los demás hermanos, que vayan alrededor del féretro cantando himnos de alabanza a Dios Nuestro Señor.

Pablo intervino y dijo:

—Pedro, yo, el de menor categoría entre vosotros, yo te ayudaré a llevar el sagrado cuerpo de la Señora.

Así se hizo. Pedro y Pablo asieron con sus manos las varas de la parihuela que servía de [480] féretro, e inmediatamente se puso en marcha el cortejo. Al comenzar a caminar, Pedro entonó la primeras palabras del salmo 113 de esta manera:  In exitu Israel de Aegypto, alleluja! (Al salir Israel de Egipto, alleluja!), y los demás apóstoles se incorporaron a la salmodiacantando dulcemente el resto de los versículos.

Porque así lo quiso el Señor una nube envolvió el féretro y a los acompañantes durante todo el trayecto; de ese modo el paso de la comitiva quedó oculto ante los ojos de la gente, que oía los cánticos, pero no veía a los cantores, entre los que se encontraban, no solamente los apóstoles, sino infinidad de ángeles cuyas dulcísimas melodías procedentes de lo alto oíanse en la tierra.

Los habitantes de Jerusalén, atraídos por el sonido de aquellas salmodias que llegaban hasta sus domicilios, salieron de sus casas e incluso de la ciudad, y, como oían y entendían perfectamente los cánticos pero no veían a las personas que los interpretaban, no salían de su asombro, impresionados profundamente por aquel misterio, hasta que alguien llegó a ellos y les dijo:

—¿Queréis saber lo que ocurre? Pues yo os lo diré. Es que ha muerto María, y los discípulos de Jesús van a enterrarla, y cantan mientras conducen el cuerpo a la sepultura.

Al enterarse de esto, los judíos soliviantaron y comenzaron a gritar diciendo:

—Vayamos a nuestras casas, tomemos cuantas armas en ellas tengamos, y volvamos corriendo para atacar a esos discípulos. Si unimos nuestras fuerzas contra ellos los mataremos, les arrabateremos el cuerpo de la mujer que dio vida al seductor que trató de engañarnos, y seguidamente lo quemaremos.

El príncipe de los sacerdotes, cuando alguien le puso al corriente de lo que ocurría, fuertemente impresionado y lleno de ira exclamó:

—Esa mujer que decís que ha muerto fue el tabernáculo en que se alojó el hombre que turbó nuestra paz y la de todo nuestro pueblo; no podemos consentir que quienes la llevan a enterrar le estén tributando semejante homenaje.

Repitiendo estas y parecidas palabras, a voces, el referido príncipe de los sacerdotes se echo a la calle y siguiendo el eco de los cánticos, llegó hasta donde estaba la invisible comitiva y trató de derribar el féretro para que el cuerpo de la Virgen cayera desde la parihuela al suelo; pero apenas sus manos tocaron la camilla quedáronsele paralizadas y adheridas a ella de tal manera, que sin poder desasirse vióse obligado a caminar al lado de los portadores gritando de dolor por el fortísimo que sentía en los brazos. Los demás amotinados, castigados por los ángeles que revolteaban entre las nubes, quedáronse repentinamente ciegos. Entonces el príncipe de los sacerdotes recurrió a Pedro y le dijo:

—¡Oh Pedro, bueno y santo! Mira la tribulación que padezco; no me desprecies; intercede por mí, te lo suplico, ante tu Señor. Recuerda que en cierta ocasión también yo intercedé por ti y te saqué del apuro en que encontrabas cuando la portera o sirvienta aquella te reconoció y te denunció.

Pedro le respondió:

—Ahora estamos ocupados en las honras que debemos tributar a Nuestra Señora; hasta que no hayamos concluido de enterrar su cuerpo no podré atenderte; pero sí te digo que si crees en Nuestro Señor Jesucristo y en esta santa mujer que lo concibió en sus entrañas y lo llevó en su seno, inmediatamente —y de esto estoy completamente seguro— obtendrás la gracia de tu curación.

El atribulado sacerdote exclamó:

—Creo que Jesús, el Señor, es verdadero Hijo de Dios, y que esta mujer, ahora difunta, fue su Madre y fue santísima.

Nada más decir esto, las manos del príncipe de los sacerdotes, por sí solas, se desasieron del féretro, aunque sus brazos continuaron paralizados y aquejados de muy vivos dolores. Pedro, al darse cuenta de esto, le dijo:

—Besa el féretro y di conmigo: «Creo en Jesucristo Dios: creo que esta mujer lo llevó en su seno; creo que después del parto conserve perpetuamente su virginidad.»

Al terminar de decir con Pedro estas últimas palabras, el príncipe de los sacerdotes quedó repentina y totalmente curado. Entonces Pedro le indicó:

—Acércate a nuestro hermano Juan, dile que te dé la palma que lleva en sus manos y, cuando la hayas tomado en las tuyas, levántala, ondéala y muévela sobre toda esta gente que se ha quedado ciega; los que quieran creer lo que tú has creído y proclamado recuperarán inmediatamente la vista, pero los que no crean continuarán privados de ella perpetuamente.

Después de todo esto los apóstoles prosiguieron su marcha hacia el lugar en que María debería ser sepultada. Al llegar a él, depositaron su cuerpo en [481] el monumento indicado por Cristo, y, ateniéndose a lo que el Señor les había dicho, permanecieron allí tres días, al cabo de los cuales presentóse Jesús ante ellos, acompañado de innumerables ángeles y diciendo en tono de saludo:

—La paz sea con vosotros.

Ellos le contestaron:

—Y la gloria contigo, oh Dios, que sin ayuda de nadie haces maravillas estupendas

[All judge that Mary should be resurrected to sit alongside Jesus.]

[482] En las revelaciones de santa Isabel se lee el caso siguiente: En cierta ocasión, estando esta santa en éxtasis, vio en un lugar muy lejano un sepulcro resplandeciente de luz, en cuyo interior yacía, rodeada de multitud de ángeles, el cadáver de una mujer. Poco después los espíritus angélicos tomaron en sus manos el cuerpo de la difunta, lo resucitaron y, dándole escolta, comenzaron a subirlo al cielo. Antes de que llegaran a desaparecer de su vista, pudo advertir que un hombre admirable y glorioso, procedente de regiones más altas, enarbolando en sus manos una cruz a modo de estandarte, y acompañado de millares y millares de ángeles salía al encuentro del cortejo que se elevaba hacia las alturas; y al encontrarse los que bajaban con los que subían, unos y otros, formando una sola comitiva, comenzaron a cantarjubilosamente, y todos juntos reemprendieron la marcha ascendente a la gloria, escoltando reverentemente a la resucitada mujer. Terminado el éxtasis, santa Isabel, que solía mantener frecuentes diálogos con el ángel de su guarda, pidió a éste que le acalara el sentido de la visión que acaba de tener, y el ángel le dijo:

—Aquí no hay nada que aclarar; todo esto está muy claro. Acabas de ver con tus propios ojos cómo Nuestra Señora fue llevado su cuerpo y alma a la bienaventurada eterna.

[How Mary was received in heaven]: enteramente, jubilosamente, honrablemente y excelentemente:

[483]  Jubilosamente. Dice a este respecto el obispo Gerardo en una de sus homilías: «Tal día como hoy los cortesanos del cielo dispensaron a María un grandioso recebimiento: los ángeles se alegraron, los arcángeles regocijaron, los tronos la aclamaron, las dominaciones cantaron salmos en su honor, los principados armonizaron la salmodia, las potestades acompañaron el canto con sus cítaras, y los querubines y serafines, uniendo sus voces al coro general, la condujeron hasta el altísimo trono de la majestad divina».

Honorablemente. Tan honorablemente, que el propio Jesús, al frente de todo el ejército de la milicia celestial, salió a su encuentro. «¿Quién será capaz, se preguntaba san Jerónimo, de imaginar el solemnísimo homenaje que aquel día el cielotribute a la gloriosa Reina del mundo?» Y añade «¡Con qué afectuosa devoción diéronle la bienvenida las numerosas legiones celestiales! ¡Cuán deliciosos los cánticos que entonaron mientras la acompañaban hasta el trono que le tenían preparado! ¡Qué alegría tan inmensa y qué majestuosa serenidad en el semblante y porte del Hijo al recibirla y estrecharla en sus divinos brazos y al exaltarla por encima de todas las criaturas! No cabe duda de que en semejante ocasión la corte celestial entera salió con aire de fiesta al encuentro de la Madre de Dios, la envolvió en sublimes claridades, prorrumpió en aclamaciones, entonó en su honor himnos espirituales y, entre ovaciones, y cánticos, la acompañó hasta el solio que le estaba reservado; no cabe duda de que todas las milicias de la eterna Jerusalén, inundadas de inefable alegría, exteriorizaron su gozo, le dispensaron exquisita acogida e iniciaron una fiesta inacabable y perpetua; porque aunque nosotros conmemoremos este acontecimiento meramente una vez al año, en el cielo se conmemora y celebra desde entonces continuamente; no cabe duda de que al [484] propio Salvador, con semblante jubiloso, salió a recibir a su Madre, la tomó de la mano y personalmente la condujo hasta el estrado en que se alzaba su trono, y con gozo indecible la colocó en él para que permaniese eternamente a su lado compartiendo con Él la gobernación del reino; de no haberlo hecho así no hubiera cumplido lo que él mismo mandó en las Sagradas Escrituras cuando dijo: Honra a tu padre y a tu madre».

Excelentemente. «Hoy conmemoramos el día», escribe el mencionado san Jerónimo, «en que la santa Madre y purísima Virgen salió de este mundo y subió al cielo para ocupar el Elevado trono  que en el Reino de la gloria tenía reservado. Hoy recordamos su glorioso asentamiento en el solio eterno, al lado de Cristo.»

San Gerardo en uno de sus homilías comenta la exaltación y entronización de María con estas palabras:«Sólo Jesucristo, señor nuestro omnipotente, disponía de suficientes recursos para engrandecerla como la engrandeció; y la engrandeció haciendo que, continuamente, permanentemente y eternamente, reciba honras y alabanzas tributadas por la majestad divina, por los coros de los ángeles que apiñan junto a ella, por la muchedumbre de arcángeles que rodean su sitial, por los tronos, que llenan el ámbito con sus canciones jubilosas, por las denominaciones que incesantemente manifiestan su alegría, por los principados que la cubren de agasajos, por las potestades que la aclaman, por las virtudes que la alaban, por los querubines que ininterrumpidamente cantan hinmos y por los serafines que la envuelven entre los dulcísimos acentos de sus melodías. La santísima Trinidad, en perenne exultación, la ensalza e inunda con su gloria, y hace que la gracia se desborde de modo que todos los habitantes del reino celestial no tengan otra preocupación que la de agasajar a su Soberana Señora. El esclarecido orden de los apóstoles dedícale sublimes alabanzas; la legión de los mártires dirígele toda clase de súplicas; el innumerable ejército de los confesores canta sin cesar ante ella; la purísima multitud de vírgenes une sus voces a ese coro para celebrar incesantemente la gloria de tan extraordinaria Señora; el mismo infierno no tiene más remedio que unirse de alguna manera al grandioso homenaje, pues los alaridos de rabia proferidos por los desvergonzados demonios de hecho forma parte de la universal aclamación».

[491] Dice este santo [san Cosme] que, después de que Cristo se hiciera cargo del alma de María, el cuerpo de ésta, ya muerto habló y dijo: «Gracias, Señor, por haberme hecho digna de participar de tu gloria. Puesto que soy obra tuya y conserve el depósito que me confiaste, acuérdate de mí». En cuanto el cuerpo de la Virgen —prosigue diciendo san Cosme— pronunció las anteriores palabras, todos los que momentos antes habíanse quedado repentinamente dormidos, repentinamente también despertaron; y al ver a María muerta se entristecieron tanto, que co-[492]menzaron a gemir y llorar. En seguida los apóstoles tomaron el sagrado cuerpo de la Virgen y salieron con él camino del sepulcro. Al iniciar la marcha, Pedro entonó el salmo In exitu Israel de Aegypto  (Al salir Israel de Egipto), que fue cantado a coro por los demás apóstoles y por infinidad de ángeles que se unieron a la salmodia. Las alabanzas que en honor de la Señora cantaban los que formaban el cortejo de la tierra y el celestial resonaban tan brillantemente, que los habitantes de Jerusalén, conmovidos, se echaron a la calle para presenciar el paso de la gloriosa procesión.

[…]

[495] Después de este incidente [the glueing of the hand of the Jewish priest to the coffin] prosiguió su camino y llegó a Gethsemaní, y una vez allí, con besos, abrazos, canciones de himnos religiosos, lágrimas y sudores de tristeza y angustia, y con gran reverencia colocaron en el sepulcro el sacratísimo cuerpo de María.

 

Birth BVM (vol 2: 565-575)

[570] Durante mucho tiempo los fieles ignoraron la fecha exacta del Nacimiento de la Virgen; pero luego esta fecha vino a ser conocida de la siguiente manera, según Juan Beleth: Un santo varón dedicado de por vida a la contemplación de las cosas divinas, todos los años, el 8 de septiembre, mientras oraba, oía cantar a los ángeles alegre y solemnemente cual si estuvieran celebrando en el cielo alguna festividad especial. En una de esas ocasiones pidió al Señor muy fervorasamenteque tuviera a bien declararle por qué todos los años en semejante fecha y no precisamente en otra le permitía oír estos cánticos celestiales. El Señor satisfizo la explicable curiosidad de su devoto siervo, haciéndolo saber que todos los años el ocho de septiembre se celebraba en el cielo una fiesta solemnísima en honor de la Virgen, porque en el ocho de septiembre había ella nacido en la tierra; y, tras declararle esto, le dijo: «Comunica este dato a los hijos de la Iglesia para que también ellos el ocho de septiembre de cada año conmemoran la Natividad de la Gloriosa Virgen María y se unan espiritualmente a las solemnidades que en su honor celebran los bienaventurados en la gloria eterna». El piadoso varón comunicó al sumo pontífice y a otros prelados la revelación que había tenido y el encargo que se la había hecho. A esta comunicación siguió una campaña de oraciones, ayunos, estudios, investigaciones cuyo resultado fue el hallazgo de testimonios escritos, y el descubrimiento de tradiciones orales de muy venerable antigüedad, que de consume confirmaban que la Virgen María, en efecto, había nacido un ocho de septiembre. Hecha esta averiguación, la Iglesia determine que en todo el mundo cristiano, todos los años el 8 de septiembre, se celebrase la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora.

[…]

[571] Three natividades – BVM, Christ, St John Baptist – to be celebrated with an octave

[BVM] Un obispo filialmente devoto de Nuestra Señora, movido por la profunda reverencia que hacia ella sentía, en cierta ocasión, a eso de la media noche, salió de su casa con intención de visitar una iglesia consagrada a la Virgen María; mas, apenas había puesto los pies en la calle, vio cómo la Virgen de las vírgenes, rodeada de todas las otras santas vírgenes del Cielo, venía hacia él, se le acercaba, lo saludaba con evidente deferencia, y le acompañaba hasta el templo al que se dirigía. Durante el trayecto desde su casa a la iglesia, dos de aquellas santas doncellas abrían la marcha caminando a la cabeza de la procesión, seguidas por las otras y cantando unas letrillas que el resto de las vírgenes inmediatamente después a coro repetía. Primeramente cantaron estos dos versos:

            «Cantemos, hermanas, cantemos y honremos al Señor.

            Pregonen piadosamente nuestro labios

            El dulce amor de Cristo».

Luego, estos otros:

«Desde la cima del Cielo, arrastrado por

            su soberbia, cayó el demonio al abismo.

También el primer hombre, victima de

su engreimiento, cayó

y se hundió en otra sima».

De este modo, escoltado por tan magnifico cortejo, y arrullado por los cánticos de los versos que dos de las santas doncellas entonaban y seguidamente las demás repetían, el venerable siervo de Dios llegó a la iglesia de Nuestra Señora.

 

All Saints (vol. 2: 694-704)

[697] Antes de seguir adelante hagamos un inciso y examinemos estas cuestión: ¿Hay alguna razón suficientemente válida para justificar la práctica introducida entre nosotros de celebrar, aquí en la tierra, festividades en honor de los santos?

[Guillermo de Auxerre, Suma de Oficios, proposes six reasons]

Segunda. Porque necesitamos su ayuda para superar nuestra debilidad. Abandonados a nuestras propias fuerzas no podríamos llevar adelante el negocio de nuestra salvación; pero si los santos interceden en nuestro favor, conseguiremos salvarnos; por eso, así como cuando queremos que alguien nos socorra demandamos su auxilio, así, también, consciente de nuestra debilidad para salir airosos de esta empresa, acudimos a ellos honrándolos y pidiéndoles que con su intercesión nos echen una mano para llevar a feliz término esta importante tarea.

[…]

Cuarta. Porque la celebración de sus festividades, el recuerdo de sus vidas y el trato y comunicación con ellos, nos brindan la oportunidad de conocerlos, y tomarlos como modelos y de imitarles en el desprecio que mostraron hacia las cosas [698] terrenas y en sus aspiraciones a conquistar los bienes del cielo.

[…] Four reasons, according to ‘el Damasceno’, why the bodies of saints have religious value: III. Tercer motivo: La intención de reparar posibles negligencias.

[…]

Reparemos en esto: los santos del Nuevo Testamento individualmente honrados a lo largo del año y colectivamente venerados en esta festividad instituida para suplir las deficiencias en que hayamos incurrido, pueden ser clasificados en las cuatro secciones siguientes: en la de los apóstoles, en la de los martirios, en la de los confesores y en las de las vírgenes. Cada uno de estas cuatro secciones, en opinión de Rabano, está simbolizada respectivamente por uno de los cuatro puntos cardinales, de esta manera: el oriente representa a los apóstoles, el sur a los martirios, el norte o aquilón a los confesores y el occidente a las vírgenes.

[…]

[702] La cuarta sección es la de las vírgenes. La dignidad y excelencia de estas santas se funda en las cinco razones siguientes:

[…] [fourth reason, fifth argument]

El estado de virginidad goza de muchos privilegios: las vírgenes serán coronadas con diademas de oro, cantarán en la gloria himnos especialmente compuestos para que ellas los entonen, vestirán en el cielo túnicas semejantes a las de Cristo, y acompañarán al Cordero a donde quiera que éste vaya.

[…]

[703] Cuarto motivo: la idea de proporcionar a nuestras oraciones mayor fuerza impetratoria.

[…] [re. vision experienced by a sacristan a year after the foundation of this feast-day…

«Todos los años, tal día como hoy, esta inmensa multitud de bienaventurados se reunen en torno a su soberano para rendirle homenaje, darle gracias, e interceder simultáneamente y conjuntamente en favor de los mortales.» Dicho esto, el ángel sacó al sacristan de allí y lo condujo a un sitio diferente, en el que había numerosísimos individuos, hombres y mujeres, en situaciones distintas, porque mientras unos reposaban en lechos dorados y otros, sentados ante mesas abundantemente abastecidas, se deleitaban comiendo ricos manjares en ambiente de franca jovialidad, otros desnudos y con aspecto de suma [704] pobreza, iban de una parte a otra ejerciendo la mendicidad. «Mira», le explicó el ángel al sacristan, «este lugar que ves es el purgatorio; quienes reposan en sus lechos y quienes comen alegremente son aquellos que reciben generosa ayuda de sufragios por parte de sus deudos y amigos de la tierra; esos otros que van de un lado a otro mendigando, son los difuntos abandonados y olvidados por sus familiares. Cuenta el sumo pontífice todo esto que estás viendo y ruéguele insistentemente que instituya en la Iglesia una jornada anual especialmente dedicada a orar por los muertos, a fin de que quienes se encuentran en este lugar enteramente desatendidos por sus parientes y amigos, se beneficien al menos de los sufragios que en ese día ofrezcan los vivos por los difuntos en general, y dile que señale para esta conmemoración la fecha que sigue inmediatamente a la fiesta de Todos los Santos».

 

All Souls 2 November (vol. 2: 704-717)

[709] A que ha tenido a bien acceder a las peticiones y oraciones de ciertos santos, como, por ejemplo a las de san Patricio, que solicitó y obtuvo del Señor que algunas almas pasaran su purgatorio en un determinado lugar de la tierra.  [described in entry on San Patricio]

[…]

De los sufragios

Cuatro géneros de sufragios aprovechan notablemente a los difuntos, a saber: la oración hecha en su favor por sus amigos y fieles vivos; la práctica de la limosna; la inmolación de la Santa Víctima; la observancia del ayuno.

[…]

[711] [re. la inmolación de la Santa Víctima]

Conviene advertir que la celebración de la misa no solo aprovecha a los difuntos, sino que también redunda en beneficio de los vivos si por ellos se ofrece… [gives examples]

[…]

[714] on baptism: cualquier persona bautizada que falleciere inmediatamente después de recibir el bautismo entrará directamente en la gloria del paraíso, porque por los méritos de la Pasión de Cristo el bautismo deja el alma limpia de todo tipo de pecados: del original, de los mortales y de los veniales.

[…]

Si alguien, en estado de duda acerca de un difunto hubiese podido correr, ofreciese sufragios en su favor y resultase que tal difunto se hallase en estado de condenación, los sufragios ofrecidos en su favor no le servirían para nada; ni para librarle de las penas que padece, ni para conseguir la misma interrumpción de sus sufrimientos, ni para confortarle, ni para hacerle más tolerables las torturas a que se encuentra sometido; quienes entran en el infierno, ni jamás saldrán ya de él, ni recibirán alivio alguno de sus padecimientos.

[…]

[715] En cuanto a este asunto del ofrecimiento de sufragios por las almas de los muertos, procede advertir que la Iglesia, desde muy antiguo, viene reconociendo especial importancia a los que se hacen en series ininterrumpidas de siete días, de treinta días y de un año entero.

[explained in more detail]

Serie de treinta días. Treinta es lo mismo que tres veces diez o que tres decenas Con treinta días de sufragios procuramos ayudar a los difuntos a expiar los pecados que cometieron ofendiendo simultáneamente a las tres personas de la Trinidad con las transgresiones a la ley de Dios contenida en los diez preceptos del Decálogo.

[…]

[716] He dicho anteriormente que los sufragios hechos por quienes al hacerlos no se encontraren en estado de gracia carecen totalmente de valor, y lo repito; pero añado que esto hay que entenderlo bien, porque esta afirmación se refiere a los sufragios que no son sacramentos y a los que no constituyen obras pías como limosnas u otras mandas cuya ejecución haya sido encomendada a determinadas personas bien por el propio difunto antes de morir o bien por sus amigos. Los sufragios sacramentales, por ejemplo, las misas, tienen de suyo un valor propio, independiente de las condiciones del ministro que los realiza; y en cuanto a las limosnas y mandas piadosas en favor de los difuntos, pláceme aclarar que los mandatorios tienen que ejecutarlas aunque se encuentren en estado de indignidad, y han de ejecutarlas cuanto antes…

[…]

[717: anecdote concerning a soldier of Charlemagne fighting against the Moors, asked a relative that should he die, the relative should take his horse and sell it, and to distribute the proceeds among the poor; when the soldier died, he took the horse but kept it. The soldier appeared to him in a resplendent light and told him that because of his actions, he [the soldier] had had to endure seven days in purgatory]

«No creas que tu pecado va a quedar impune: hoy mismos los demonios llevarán tu alma al infierno; yo, en cambio, como ya concluyó el tiempo de mi expiación, hoy mismo también entraré en el reino de Dios».

Apenas el aparecido dijo esto, oyóse de repente en el aire un espantoso ruido producido por una jauría de diablos que, rugiendo y aullando como leones, osos y lobos, se apoderaron del primo y se lo llevaron.

 

Conception BVM (vol. 2: 850-861)

[852] [origin of feast]

En tiempo del rey Carlos, un clérigo de órdenes menores, hermano del rey de Hungría, profesaba tan tierna devoción a Santa María Madre de Dios, que diariamente cantaba en honor de ella y con gran fervor, todas las Horas de su oficio. Mas he aquí que cierto día, este clérigo, por consejo de sus padres, renunció a la clericatura y accedió a casarse con una doncella muy jovencita. En efecto, se casó, y la misma mañana de su boda, recibida ya la bendición nupcial del presbítero que presidió la celebración del matrimonio, y terminada la misa, el recién casado se acordó de que aún no había cantadola parte del oficio de la Virgen correspondiente a las Horas matutinas y, como no quería faltar a su costumbre, mandó salir del templo a todos los asistentes e incluso a su esposa, a la que le dijo que se fuese a casa; se quedó él solo en la iglesia, se situó cerca del altar y comenzó a cantar las Horas en honor de la Madre del Señor; y cuando entoné la antífona Pulchra es et decora (Bella y hermosa eres), súbitamente presentóse ante él, María, Nuestra Señora, Virgen perpetua y Madre de Dios, acompañada por dos ángeles colocados uno a su derecha y otro a su izquierda, y le dijo: «Si soy bella y hermosa, ¿por qué me has abandonado y me has dejado por esa jovencita con la que acabas de casarte? ¿Acaso no valgo yo más que ella? ¿Es que no me encuentras suficientemente agraciada? ¿Es que a tu juicio no soy bastante bella? ¿Es que en opinión tuya ella es más hermosa que yo?»

El recién casado respondió: «¡Mi señora! Tu belleza es superior a todas las hermosuras del mundo. Tú estás por encima de los tronos y de los coros de los ángeles. Tú has sido colocada en lo más alto de las cumbres más altas del cielo. ¿Qué quieres que haga yo ante tanta grandeza?»

María le contestó: «Si por amor a mí renuncias a esa doncella con la que acabas de casarte, me tendrás por esposa en el reino de los cielos; y si todos los años el 8 de diciembre celebras solemnemente la fiesta de mi Concepción y contribuyes a que otros la celebren, recibirás el premio de vivir eternamente a mi lado junto al trono de mi Hijo unigénito.»

Dicho esto, Nuestra Señora desapareció y los ojos del clérigo dejaron de verla. No quiso él después de la mencionada visión volver a casa, y por eso, sin decir nada a sus padres, desde la misma iglesia se fue a una lejana abadía, y en ella tomó el hábito monacal. Algún tiempo después de que el susodicho clérigo se hiciera monje, la Bienaventurada siempre Virgen María, que jamás deja sin remunerar, engrandecer y beneficiar a quienes la aman, hizo que el referido monje fuese nombrado obispo y patriarca de Aquileya; y el nuevo obispo y patriarca, tan pronto como tomó posesión de estos cargos, instituyó en su iglesia y su patriarcado la fiesta de Nuestra Señora y determine que tal festividad se celebrase el 8 de diciembre de cada año, con octava; y mientras vivó, no solamente procuró celebrarla devota y solemnemente con su clero y con su pueblo, sino que contribuyó con sus predicaciones a que la celebración se extendiera a otras partes de la cristiandad.

[852] En algunos libros descríbese el origen de esta fiesta de la siguiente manera:

En un pueblecito de Francia vivía un sacerdote que disfrutaba de una canonjía. Por devoción a Nuestra Señora este canónigo solía recitar diariamente los maitines de la Virgen. Una noche, al [853] regresar el susodicho canónigo hacia su casa desde una granja en la que acababa de cometer pecado de adulterio con una mujer casada, tomó por cruzar la Sena una lancha que había dejado amarrada a la orilla del río, y, como iba solo, decidió aprovechar la soledad y el silencio nocturno para cantar los maitines; y, en efecto, cuando ya llevaba un rato remando y había hecho más o menos la mitad de la travesía, entonó el invitatorio: «Ave Maria, gratia plena, Domine tecum», mas, apenas inició la recitación de este verso (Dios te salve María, llena de gracia, el Señor está contigo), presentáronse algunos demonios, volcaron la barca, hundiéronle a él bajo el agua, hicieron que se ahogara y se apoderaron de su alma para llevársela al infierno, puesto que a juicio de ellos el canónigo merecía ser eternamente condenado por haber muerto en pecado mortal. Tres días después de esto, la Bienaventurada Virgen María, acompañada de muchos santos, presentóse en el lugar en que los demonios estaban atormentando al canónigo, y encarándose con los malos espíritus les dijo: «¿por qué estáis tratando tan injustamente a esta alma? ¿No sabéis que es de un amigo mío?»

Los diablos contestaron: «Lo tratamos así porque nos pertenece; y nos pertenece porque cuando nos apoderamos de ella acababa de hacer algo en nuestro servicio.»

La Virgen replicó: «Si esta alma debe pertenecer a aquel a quien en el momento de morir estaba sirviendo, no cabe la menor duda de que soy yo quien tengo derecho a llevármela conmigo, porque este hombre, cuando vosotros le causasteis la muerte, estaba cantando el invitatorio de los maitines de mi oficio, de donde se sigue no sólo que esta alma no os pertenece, sino vosotros, al matar a este sacerdote en el momento en que estaba empleado en mi servicio, habéis incurrido en un doble delito: en el de asesinato, horrible crimen, por haber quitado la vida a un ser humano, y en el de blasfemia, por haber atentado contra mi propio honor.

Así que oyeron esto los demonios echaron a correr, huyendo unos por un sitio, otros por otro, dejando abandonada su presa.

[BVM brough the priest back to life, and warned him not to commit adultery again, and then she ascended into heaven, and he urged everyone to celebrate the feast day of her conception from then on]

[859] [during the debates on the Conception of the BVM at the Council of Basel, three cases were discussed]:

Primero. En el monasterio de Santa María de la Merced de la ciudad de Barcelona existía la costumbre de amasar diariamente antes de amanecer el pan que cada día había de proporcionarse a los religiosos para que estos pudieran comerlo reciente y tierno. Solamente un día de Pascua y en algunas otras festividades especialmente solemnes, muy pocas por cierto, evitábase la realización de este trabajo. Un año, el 8 de diciembre, cuando el panadero se disponía a elaborar los panes, quedó sumamente sorprendido: al descubrir la artesa vio que la masa que tenía de antemano heñida y pre[860]-parada, habíase reblandecido y presentaba toda ella un aspecto negruzco y fluido, semejante al de la sangre, semicoagulada o al del cieno de las charcas y lodazales. Como el hecho se divulgó rápidamente, a raíz del mismo los regidores de la ciudad publicaron un bando prohibiendo que, en lo sucesivo, en ningún horno del término municipal de Barcelona se cociera pan el día de la fiesta de la Concepción de Nuestra Señora; y, en efecto, desde entonces a nuestro días, en ninguna tahona de la ciudad se elabora pan el 8 de diciembre.

[860] Hacia el año 1400, reinando en Aragón el rey Juan, de feliz recordación, celebróse en su presencia una controversia pública, que duró varios días, en torno a la concepción de María, interviniendo en ella, por una parte, los que sostenían que Nuestra Señora al ser concebida no había contraído el pecado original; y por otra, los que impugnaban esta doctrina. Terminados los debates, el rey se pronunció a favor de los defensores de la concepción inmaculada de la Virgen Sanctísima, y por propia iniciativa promulgó un real decreto fundando una cofradía que llegó a ser muy ilustre, formada por todos los devotos de la Sanctísima Virgen que quisieran comprometerse a celebrar todos los años la fiesta de su Inmaculada Concepción; y, dando ejemplo de devoción, él fue el primero que se inscribió en la mencionada hermandad, en cuyos estatutos se disponía que el 8 de diciembre de cada año se hiciese una procesión pública y solemne para dar mayor realce a la fiesta y para contribuir de ese modo a la exaltación y glorificación de la Concepción Inmaculada de la Bienaventuara Virgen María.

Tercero. En el año 1409, el día de la Concepción de Nuestra Señora, fray Juan de Rueda, de la orden de los Menores y professor de teología, predicó un sermon en una iglesia de Gerona, sosteniendo en él que la Bienaventurada Virgen María no había contraído el pecado original. El inquisidor general del reino, que lo era a la sazón un religioso de la Orden de los Predicadores, acusó al susodicho fray Juan de haber hecho desde el púlpito afirmaciones perniciosas y heréticas, y ordenó que fuese juzgado por el tribunal a cuyo cargo corría la defensa de la fe. Ya no reinaba entonces en Aragón el rey Juan, de que antes hemos hablado, sino su succesor Martín. Este monarca, que se hallaba a la sazón en Barcelona, dispuso que se celebrase en su presencia una controversia solemne y pública entre el predicador denunciado y el inquisidor denunciante; y al terminar el debate, el rey personalmente y con sus propias manos colocó sobre la cabeza de fray Juan de Rueda, en señal de victoria, una verde corona tejida con hojas frescas, y ordenó que el mencionado fray Juan, llevando en sus sienes el susodicho trofeo y acompañado por los trompeteros de la corte, desfilase entre aplausos y honores por las calles de Barcelona y por las otras ciudades y pueblos adyacentes precedido del pregonero real, el cual a lo largo de aquellos desfiles debiera ir proclamando ante las gente que, en lo sucesivo de las tierras y dominios del rey de Aragón, no se permitiría a nadie ni afirmar ni manifestar mediante ningún procedimiento absolutamente nada que pudiera interpretarse como rechazo de la doctrina favorable a la Virgen María. A partir de entonces, todos los años, en los días que preceden a la fiesta de la Concepción de la Virgen, en todas las poblaciónes del reino de Aragón publícase un bando muy semjante al que en 1409 pregonó el pregonero real en todas las tierras y dominios del monarca aragonés.

 

Dedication of the church (vol. 2: 822-833)

[823] [Two things consecrated in church: the altar and the building]

Primero al altar se consagra a fin de que quede habilitado para la realización en él de tres clases de funciones; a) el ofrecimiento del Sacramento de Cristo; b) la invocación del nombre de Dios; c) la entonación de cánticos e himnos en torno a él.

[…]

El Sacramento del Señor consiste en la inmolación del cuerpo y de la sangre de Cristo en memoria de su Pasión a tenor del mandato que el propio Cristo nos dio cuando dijo: «Haced esto en recuerdo mío». Para rememorar la Pasión del Señor disponemos de tres clases de recordatorios, a saber: Unos que actúan sobre nuestra memoria a través del sentido de la vista, como los grabados en forma de estampa o de esculturas en las que reproducen escenas de la susodicha Pasión; por eso precisamente, y en orden ante todo a promover entre nosotros, los fieles, el recuerdo de la Pasión de Cristo y nuestra instrucción y devoción, la Iglesia nos recomienda que usemos crucifijos y otras imágenes, porque tales imágenes piadosasy crucifijos producen en los cristianos efectos instructivos parecidos a los que entre los no cristianos producen los libros. Otros que actúan sobre nuestra memoria a través del sentido del oído; estos recordatorios son de naturaleza verbal, como la predicación sobre la Pasión del Señor. Otros, finalmente, que actúan sobre nuestra memoria mediante el sentido del gusto tal es el caso del susodicho Sacramento, en el que se contienen verdaderamente el cuerpo y la sangre de Cristo, y en el que se reproduce su inmolación por nosotros. Si la contemplación visual de grabados e imágenes, y más todavía la atenta audición de predicaciones, constituyen procedimientos adecuados para conseguir esos mismos efectos resulta este Sacramento, en el que esa Pasión, aunque de modo misteriosos, se reproduce realmente.

[823-824] Invoking the name of God

[824] [on the different languages of the Mass] ‘el latín, en la epístola, en el evangelio, en las oraciones y en los cánticosen general; el griego, en el Kyrie y Christe eleison, que se dicen nueve veces en total para simbolizar nuestra union al coro de los nuevos órdenes de espíirtus angélicos…

[824] Entonación de cánticos e himnos

En el capítulo 47 del libro del Eclesiástico leemos: «David, a quien el Señor concedió potencia para vencer a los enemigos, estableció instrumentos que habían de tocarse al cantar los cantores sus melodía ante el altar». Nótese que en este texto se habla de melodías, en plural; y con razón, porque, como observa Hugo de san Víctor, hay tres clases de sonidos musicales, a saber, los producidos por pulsación, y los producidos por aire y los producidos por canto; y, cuando estos tres géneros de sonido suenan conjuntamente, no producen solamente una melodía, sino tres. Las melodías a que se hace referencia en el pasaje citado procedían de tres clases de instrumentos: de la cítara, que suena por pulsación; del órgano, que funciona por medio de aire; y las voces de los cantores. Esas tres clases de instrumentos sonando armónicamente dannos a entender que en nuestra conducta no deben darse disonancias; antes al contrario, ha de reinar una agradable armonía entre nuestras obras exteriores, representadas por la cítara que se toca con las manos, nuestros pensamientos, simbolizados por el órgano, que suena merced al aire que circula por su interior, y nuestras palabras, tipificadas por las voces de los cantores. Por eso más adelante Víctor de San Hugo advierte: «¿De qué vale la dulzura de la boca sin la dulzura del corazón? Si flexionas tus expresiones, flexiona también tu voluntad; si tus palabras son buenas, séanlo también sus obras; procura que tu conducta no lastime al prójimo, que tus decisiones no redunden en ofensa del Señor y que tu obediencia resulte grata a tus superiores».

Estas tres cosas de instrumentos músicos, según el autor del libro titulado Mitral, representan también a las tres partes principales o principales elementos de que consta el oficio divino establecido por la Iglesia, que son los salmos, los cánticos y las lecciones. Los instrumentos que se tañen pulsando sus cuerdas con sus dedos, como el salterio y otros parecidos, simbolizan a los salmos, en uno de los cuales, en el 150, se dice expresamente: «Alabad al Señor con salterios y cítaras». La voz de los cantores simboliza a las lecciones, como se colige del salmo 32, en el que dice: «Ensalzadle con vuestras voces». Los instrumentos de  aire, como las trompetas, simbolizan a los cánticos: «Alabadle haciendo resonar trompetas», dice el salmista en el salmo 150.

[824] five reasons to consecrate the temple

[825] Cuarta: Para alabar en él al Señor.

On the canonical hours: [826] Recapitulando: cantamos las alabanzas divinas de los maitines hace media noche, para dar gracias al Señor por su nacimiento, por su prisión, por su liberación de los santos padres y para manifestarle que aguardamos su venida convenientemente preparados. Pasada ya la media noche, y por tanto en el marco del nuevo día, o sea, en la madrugada añadimos a los maitines las laudes, porque antes de que apareciera el sol en el firmamento el Creador inició la creación del universo…

Comentando Bernardo cómo debemos disponer nuestro espíritu para ofrecer a Dios provechosamente estas litúrgicos homenajes, dice: «Hermanos míos. Cuando estemos realizando el sacrificio de alabanza, procuremos cantar el sentido de las palabras, asociemos a ese sentido devoción interior; a la devoción interior, alegría; a la alegría, gravedad; a la gravedad, humildad, y a la humildad, libertad».

[828] relation prayer/incense, three ways:

Segunda: Perfuma el trono del Señor: así se colige de este texto del capítulo quinto del Apocalipsis, en el que se dice: «Cada uno de los ancianos llevaba en sus manos harpas y copas de oro llenas de las aromas de las oraciones de los santos».

[829] A propósito de estos tres estados, dice Ricardo de San Víctor que independientemente de que están simbolizados por esas tres vueltas, lo están desde luego por los tres sectores en que se divide interiormente el templo, o sea: por el santuario o presbiterio, por el coro, y por el resto del local. Segín este autor, el presbiterio o santuario representa a los que viven en virginidad; el coro, a los que viven en continencia; y el ámbito restante, a los que viven en matrimonio.

 

 

 

 

Editor
Type of Processions
Emotions