Albertus Magnus’ De anima is a scholastic philosophical treatise structured as a systematic commentary on Aristotelian psychology, combining natural philosophy, metaphysics, and empirical observation. The selected passages belong to his analysis of the senses (specially hearing) where sound is defined in terms of act and potency, physical motion, and the interaction between external objects and sensory faculties, within a broader attempt to explain perception as a bridge between material reality and intellectual cognition.
TERCER TRATADO: ACERCA DE LOS SENTIDOS
The passage defines sound ontologically as a phenomenon that exists both in potentiality and actuality, depending on the material capacity of objects to produce vibration. It establishes the physical basis of auditory experience.
Capítulo 17: Sobre el oído y primeramente sobre las cosas que suenan bien o mal
p. 279: En primer lugar, hay que saber que de sonido se habla de dos maneras, es decir, en potencia y acto. Se trata de una potencia cuando decimos que algo no tiene sonido, porque es imposible que emita un sonido o porque sólo produce un sonido muy débil, como las esponjas, los pelos, la lana y cosas similares. Sin embargo, decimos que ciertas cosas tienen sonido, no porque suenen actualmente, sino porque pueden potencialmente producir un sonido, como el bronce, el oro y la plata. Además cualquier cosa plana, ligeria y sólida puede producir un sonido, no porque suene en acto, sino porque puede producir sonidos que se encuentran en el aire intermedio y en el oído.
This fragment explains that sound requires physical impact and continuous motion, showing that auditory perception depends on material interaction and sustained movement in a medium.
p. 281: En cualquier sonido es, entonces, necesario que algo sea golpeado y que cuando algo haya sido golpeado vehemente por un golpe se actualice el sonido. Por eso el sonido nunca se realiza sin un movimiento local. La razón de ello está en que el ser del sonido es de producción continua. Dado que lo que lo genera es un movimiento violento, es decir, dado que el golpe golpea una superficie plana y sólida, es menester que lo que lo genera siempre permanezca en él, porque de lo contrario no se produciría un sonido contiuo.
CUARTO TRATADO: LO QUE LOS SENTIDOS TIENEN EN COMÚN
The text describes sound as a transmitted physical effect through air, capable of affecting even inanimate bodies, emphasizing its material force and vibrational power.
Capítulo 2: Si un ser carente de sentidos puede ser alterado por los objetos sensibles
p. 326: No obstante, lo mismo se manifiesta de esta manera: la luz, la oscuridad, el
olor, el sonido y otras especies sensibles simples, en cuanto tales, no obran de
ninguna manera por medio de la acción de la especie sobre aquellos cuerpos
que no poseen las facultades sensitivas. Pero si obraran sobre ellos, entonces
esto no sería por acción de las especies, sino de la materia. Esto es como cuando
se dice que el trueno rompe el leíio; la especie simple del sonido no obra con
miras a romper el leño; más bien el aire obra a través del movimiento inducido,
el cual es la causa del sonido. Muchos objetos sonoros destrozan torres y muros
por la misma causa, porque el aire se mueve continuamente hacia la facultad de
la audición, ya que el aire transmite el sonido, y cuando llega a los muros, los
mueve. Por eso los sonidos agudos también dañan los dientes al ponerlos en
vibración. Aunque las especies sensibles sean así, es decir distantes debido al
medio y extrínsecas, no obstante parece que los objetos tangibles y los sabores
alteran aquellas cosas que no tienen sensación en absoluto y que son inanima-
das. Si efectivamente se dijera que estos objetos sensibles no obrasen sobre las
cosas inanimadas, entonces no se podría encontrar nada que provoque el pade-
cimiento y la alteración de las cosas inanimadas.
Here San Alberto Magno develops a theory of perceptual interaction, arguing that sound and hearing share a single form in act, though they differ in being, revealing a relational model of perception.
Capítulo 8: Por qué percibimos con el sentido común que vemos, oímos y que operamos con los demás sentidos
p. 344: Esto lo digo respecto de la facultad sensitiva y del objeto sensible captado en
acto, es decir como cuando son captados en acto el sonido en acto y la audición.
En este caso, el objeto sonante y la audición poseen en acto una sola forma. La
forma del sonido posee un ser en el objeto sonante y otro ser en la facultad audi-
tiva. A veces, en efecto, sucede que aquello que posee la facultad auditiva, no
oye en acto, y sucede que lo que posee el sonido en potencia no suena en acto.
En este caso, el ser oyente y el ser sonante no poseen una sola forma en acto.
Dado, entonces, que lo que posee la posibilidad de oír y que obra y oye ac-
tualmente, y dado que lo que puede sonar actualmente suena, entonces el ser
que oye actualmente y el ser que suena actualmente comparten simultáneamen-
te una sola forma actual. Pero en la medida en que la forma se encuentra en el
oyente se llama audición, y en la medida en que está en el ser sonante se llama
sonido, debido -como dijimos- a un ser diferente que posee en la audición y en
el sonante. Algo parecido ocurre en la visión y en los demás sentidos. Por tanto,
así como la audición es una cierta perfección del sonido en cuanto es oído, así la
visión del color es una cierta perfección en cuanto es visto. De esta manera se
manifiesta la visión respecto del color. Por eso, quien ve que ve, es juez de
aquello que se manifiesta en la visión respecto del color en acto.
This passage explains the metaphysical identity-in-act between sense and object, showing perception as a transition from potentiality to actuality within both the perceiver and the perceived.
Capítulo 9: De qué manera la facultad sensitiva y el objeto sensible son idénticos en acto y distintos según su ser. De qué manera son correlativos y de qué manera no
p. 345: Ya se había dicho que la facultad sensitiva según el acto y el objeto sensible
en acto son simultáneos y son idénticos según el acto y diferentes en su ser.
Esto, con todo, se demuestra así: todo movimiento es la transición de la potencia
al acto. Igualmente, toda acción, en cuanto que es una acción dirigiida del acrente
hacia el paciente, e igualmente la pasión por la que se sustrae algo de lo que es
producido y movido, está en lo que es producido o en lo que padece de acuerdo
con la cosa, como mostramos en la Física. Ahora bien, como toda facultad
sensitiva padece por un objeto, como la audición por el sonido, es necesario que
el sonido en acto esté primero en potencia en aquello en que suena. Todo acto
está en una cosa que pasa de la potencia al acto; se trata del paciente y del mo-
vimiento. El acto de las cosas activas y móviles se da generalmente en el paciente y no al revés. Por eso, generalmente no es cierto que todo motor sea mo-
vido. En efecto, sólo es cierto respecto de las cosas físicas, cuya materia es, por
contrariedad, motriz y movida, como se ha establecido en la Física y en el libro
Sobre la generación. En las demás cosas se encuentra un agente que no está en
acto y un motor que no es movido, como en las cosas espirituales, donde lo
sensible es un motor sin ser movido y donde el medio es un motor movido y el
sentido es un movimiento, pero no es un motor.
Ya que esto es así, es necesario que el acto de las cosas sonantes, que es la
sonación, suene en potencia. Se trata de un objeto sólido y plano que se une al
aire. Asimismo, lo que suena potencialmente, es el sentido del oído; por tanto,
el acto del sonido se da también en la audición. Por eso, lo que suena y la audi-
ción son idénticos en acto, pero son diferentes según su ser. De los sonidos dife-
rentes, en cuanto están en diferentes cosas que poseen potencialmente sonido,
p. 346: surgen nombres diversos. Cuando la cosa es potencialmente sonante, entonces
se llama sonido, y cuando está en potencia en el oyente, entonces se llama audi-
ción. Se habla de sonido de dos maneras, es decir en cuanto es acto y en cuanto
es potencia, así como también se habla de la audición de dos maneras, es decir
en cuanto está en acto y en potencia.
The text analyses sensory overload, showing that excessive intensity in sound (and other senses) disrupts perception and causes physiological harm.
p. 347: Yendo más allá se puede deducir por qué ciertos excesos dañan los sentidos.
Efectivamente, la voz y el sonido son, en cuanto mueven a la facultad sensitiva,
una cierta concordancia y armonía o proporción, y una mezcla bien proporcio-
nada del agente respecto del paciente. La voz o sonido y la audición son en cier-
ta manera una y la misma cosa y en cierta manera no lo son, como dijimos. Es
entonces necesario que la audición también sea una cierta concordancia y pro-
porción respecto del mismo acto con el cual la cosa sonante establece una pro-
porción. Puesto que el exceso mueve en mayor medida que el sentido, por eso
los sonidos excesivamente agudos o graves dañan la facultad auditiva. Igual-
mente los excesos de los sabores dañan la facultad gustativa. En los objetos
coloreados o visibles, el fitlgor excesivo o la oscuridad excesiva dañan la vi-
sión. Esto se manifiesta en el fulgor. La oscuridad también daña, aunque no lo
haga tan rápido como el fulgor. El indicio de ello está en que personas que por
mucho tiempo han sido encerradas en calabozos oscuros, no pueden recibir la
luz cuando vuelven a salir a la luz. La causa de ello está en que el espíritu visivo, que fluye de los ojos hacia el nervio óptico, es rechazado y repelido por la
oscuridad. Como el espíritu es caliente, es repelido por el frío que endurece los
poros del ojo, produciendo la ceguera.
This fragment explains auditory fatigue and residual sound perception, showing how intense acoustic exposure affects later hearing capacity.
Capítulo 15: Se demuestra que el intelecto no se mezcla con el cuerpo, dado que su impasibilidad no se parece a la impasibiliadd de los sentidos
p. 421: Es la misma causa cuando alguien oye un sonido débil después de un sonido
muy fuerte. Por eso, quienes permanecieron por mucho tiempo cerca de las rue-
das de un molino, se percatan que, al alejarse, no desaparece de los oídos el
sonido de los molinos y, por eso, no oyen a quienes hablan suavemente.
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